Las redes iociales están en ebullición con mensajes de apoyo a Mónica Lalanda. Mónica decidió enfrentarse al elefante en el cuarto de muchos médicos: la peligrosa precariedad laboral sanitaria. La respuesta del sistema ha sido abrirle un expediente disciplinario. A pesar de la avalancha de mensajes, cartas y hasta sonetos en su defensa, algunas voces susurran: “los trapos sucios se lavan en casa”.

La primera vez que escuché esa frase en el hospital era delegado de clase. Un profesor había filtrado un banco de preguntas del exámen, y como de costumbre nos tocó a los delegados lidiar con las consecuencias. Me acuerdo perfectamente de la reunión con los directivos de la facultad. Me acuerdo de como nos culpabilizaron a nosotros, de como nos echaron en cara no haberlo “visto venir”. Cómo nos cerraron “amablemente” las puertas al indagar sobre elevar el asunto a las autoridades universitarias. Nosotros nos encargamos, los trapos sucios se lavan en casa. Al final no solo no se tomó ninguna acción frente al profesor, sino que en años siguientes me enteré de que se repitieron las filtraciones.

¿Qué pasa cuando en lugar de filtrar preguntas hablamos de denunciar unas listas de espera peligrosas o incluso un error médico? A todos nos gustaría pensar que cuando se trata de pacientes, se pone su seguridad primero. Mi experiencia ha sido distinta. Desde caras de sorpresa al preguntar si un evento adverso se iba a notificar a ver cirujanos pedir la modificación de informes para omitir la palabra “error”. Recuerdo con una mezcla de vergüenza e ira todas las veces que he callado cuando sabía que algo se estaba haciendo mal. Nuestro miedo y cobardía diaria están ganando el pulso a la salud de nuestros pacientes.

En el mundo anglosajón la mejora de calidad de sistemas se considera una competencia básica de cualquier médico. No trabajamos con pacientes aislados. Tenemos el compromiso profesional, ético y legal de garantizar unas condiciones de trabajo seguras. Las instituciones tienen el compromiso de crear una cultura de la seguridad, con sistemas y procedimientos que favorezcan y protejan al que informa. Cuando no existen esos compromisos, cuando los hospitales se asemejan más a palacetes y los jefes a jeques que luchan por preservar su “honra”, solo nos queda gritar en desesperación y rezar para que alguien nos escuche.

Seamos honestos con nosotros mismos: los trapos sucios nunca se llegan a lavar. Se esconden, hasta que su hedor empieza a causarnos nausea. Y muchos se vuelven insensibles a su olor. Por el bien de nuestros pacientes, por respeto hacia nosotros mismos y nuestros compañeros: dejemos de esconder los trapos sucios.

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Sobre trapos sucios y corporativismo médico

Un pensamiento en “Sobre trapos sucios y corporativismo médico

  • 24 Enero, 2017 a las 6:59 pm
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    No puedo estar más de acuerdo Miguel. y precisamente una de las mayores diferencias entre el sistema español y el inglés que como sabes conozco bien desde dentro es precisamente qué hacen con sus trapos sucios.
    En un sistema se lavan y luego se airean para evitar que ese mismo hecho vuelva a ocurrir y en el otro, se lanzan al cajon de los trapos sucios y se olvidan, además de negar vehemente que exista ningún trapo. No hace falta explicar cual es cual.
    Mil gracias por la mención y enhorabuena por tu clarividencia
    un abrazo
    Monica

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