6º curso. Último año de la carrera, sin exámenes, rotaciones de 1 mes donde nos involucramos como “R0” en los servicios… Y sin embargo, es el curso donde más me he planteado si quiero dedicar mi vida a esta profesión.

Recientemente se ha publicado un meta-análisis en la revista JAMA sobre la prevalencia de depresión entre estudiantes de Medicina. Según sus estimaciones, la prevalencia de síntomas depresivos se acerca al 30%, y el de ideación suicida al 11%. Unos datos que, en comparación con encuestas en nuestro medio, parecen extrapolables. Evidencia que se suma a aquella que dice que la empatía de los estudiantes disminuye con los años, y que el “burnout” empieza a afectarnos incluso antes de pisar el hospital como residentes.

Durante una larga temporada estuve viendo a mi psicóloga de forma regular. De vez en cuando sigo acudiendo a ella. Necesito alguien que me ayude a procesar lo que veo y siento, alguien que he tenido que buscar fuera de mi hospital. El duelo y el sufrimiento diario de los pacientes. El adjunto que te trata como un mueble cochambroso en medio de su consulta. Estar a punto de graduarme sin sentir que tenga las herramientas necesarias para darle un trato digno a mis pacientes. “La medicina es la más humana de las artes, la más artística de las ciencias y la más científica de las humanidades”. Eso nos dicen, pero, ¿nos lo inculcan?

Lo que más me ha costado es luchar contra mi sensación de culpabilidad. Si todos los demás parecen estar felices y adaptados, ¿tendré yo el problema? ¿Seré un quejica? Por que al final lo que importa es sacar buena nota en el MIR y llegar a la residencia, ¿verdad? Los comentarios de friki, exagerado o incluso prepotente por intentar cambiar las cosas no es lo que más me ha dolido. Es la sensación de profunda soledad. Cuando entré en Medicina, pensaba que habría una máxima compartida por todos: el trabajar juntos por el bien de nuestros pacientes. A día de hoy, he empezado a perder la confianza en esa máxima.

Por suerte, cada día me siento menos culpable. Otra metaanálisis publicado en JAMA analizó la eficacia de distintas intervenciones destinadas a mejor el burnout entre médicos. La conclusión a la que llegaron fue simple: arregla el sistema, no al profesional. Internet se llena de relatos de personas que dicen “basta”, desde la indefensión del que sólo recuerda el pH de una lágrima a la valentía de decirle “no” a la explotación laboral. Pero, ¿cambiaremos? ¿O seguiremos pensando que para ser buen médico hay que “pasarlo mal, cómo todos”? Lo que más miedo me da no es seguir pasándolo mal. Es llegar a la residencia quemado, demasiado agotado y pisoteado como para poder ayudar a mis pacientes.

El burnout es una reacción normal ante una situación anormal. Pero para mi ha dejado de ser una cuestión de definiciones, evidencias o de artículos. Es algo personal. Es ver cómo grandes amigos han salido llorando de exámenes, e incluso cómo han acabado expulsados de la universidad por profesores que no merecen ese título. Es la rabia e indefensión cada vez que un compañero me escribe para decirme que no se siente seguro yendo a rotar. Es haber sentido esa misma inseguridad. Y es la profunda tristeza que siento sabiendo que, por mucho que luchemos, seguirán existiendo los que piensan que la letra con sangre entra.

A pesar de todo, tengo esperanza en el futuro. Y una idea muy clara:

Querida carrera: no soy yo. Eres tú.

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“No soy yo, eres tú”: Salud mental y estudiantes de Medicina

16 thoughts on ““No soy yo, eres tú”: Salud mental y estudiantes de Medicina

  • 17 Diciembre, 2016 a las 10:56 am
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    Nosotros tuvimos la oportunidad de dar un taller en medicina de la UAM de gestión emocional por iniciativa de los estudiantes de esa facultad (CEEM) y respondía a la detección de la necesidad de intentar sensibilizar a la universidad de que tenía que ofrecer a los estudiantes entrenamiento para el cuidado de lo invisible , tanto a nivel personal cómo interpersonal. La valoración de los estudiantes fue muy positiva pero de las autoridades académicas nunca supimos nada.

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    • 1 Enero, 2017 a las 6:25 pm
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      ¡Gracias por intentar cambiar las cosas Pilar! La triste realidad es que no es una prioridad para las autoridades académicas. Es más trabajo, y no hay conciencia o compromiso con la salud mental de los estudiantes. Pero gracias a iniciativas como la tuya, poco a poco vamos avanzando :).

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  • 16 Diciembre, 2016 a las 7:47 pm
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    Gracias por tu texto !¡ No estás solo, comparto cada palabra de lo que escribes, la clave es rodearse de buena gente e intentar convertir con una sonrisa a los infieles.

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    • 1 Enero, 2017 a las 6:24 pm
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      ¡Gracias por leerme! Se lo recuerdo siempre que me acuerdo a mis amigas del hospital: Sin ellas no podría haber llegado hasta aquí. Los amigos son fundamentales 🙂

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  • 16 Diciembre, 2016 a las 8:20 am
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    Gran entrada que refleja una sensación muy común. De estudiante tuve el placer de participar en una terapia de grupo como asignatura de libre elección, allí con mis compañeros vi que todos sufriamos el mismo, estrés, dudas y miedos, así como una soledad autoimpuesta respecto a estos problemas ya que nadie habla de ello. Cuando terminé la asignatura me sentí mucho mejor y con fuerza para seguir, creo que en la carrera deberia enseñarse a como lidiar con el estrés, la ansiedad los errores… para combatir el burnout desde el origen. Un saludo!!

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    • 1 Enero, 2017 a las 6:26 pm
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      Gracias por tu comentario Ana!

      ¿Te importaría mandarme un correo con algo más de información sobre esa “terapia en grupo” que hacíais? Me interesa el tema: mgalandejuana@gmail.com.

      ¡Un saludo!

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  • 16 Diciembre, 2016 a las 7:34 am
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    ¡Gran entrada Miguel!

    El punto más dramático de todo esto lo viví con mis prácticas de Neurología en 6º. Nunca antes había llorado por medicina, pero la situación que viví llegó a un punto que me desbordó. Cada vez que pienso en ello me hierve la sangre. Tenía la constante sensanción de estar haciendo algo mal, pero no entendìa el qué. Llegué a escribirle una carta al decano y se pusieron en contacto con el tutor para llamarle la atención porque, curiosamente, no era la primera vez que tenía problemas.

    Sobre lo de ser un mueble, creo que a encontrarle la gracia si iba con compañeros . El caso más extremo fue que un médico nos dijera que esperásemos fuera de la consulta y tras 1 hora esperando, constatar que había salido por la otra puerta de la consulta…

    En fin, no somos nosotros, es la carrera y en especial, algunos amargados.

    ¡Saludos!

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    • 1 Enero, 2017 a las 6:24 pm
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      Gracias Andrés! Viniendo de ti es todo un halago :). Mi situación más “dramática” también la he vivido en 6º. En gran parte inspiró este post y muchas de mis decisiones y cosas que han pasado este año… Esa sensación de culpabilidad la entiendo a la perfección. A mi lo que me ayudó a ver que no era “yo” fue que un día me tocase una adjunta majisima, que me hizo ver lo que de verdad podría haber sido esa rotación.

      Mucho ánimo :).

      ¡Un abrazo!

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  • 16 Diciembre, 2016 a las 12:10 am
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    Gracias por tu artículo, me ha dado un soplo de oxígeno directo al cerebro. Cómo explicar esa sensación de estar haciendo un rotatorio clínico, que pensabas que sería la revelación de tu “carrera” académica después de unos 5 años, algunos llevaderos y otros pesados, te encuentras todos los días, en un ambiente hospitalario que te hace preguntarte “¿sirvo para esto?”. Es la pregunta del millón para aquellos que están terminando cualquier carrera, es de lógica, y da miedo. Yo todavía no sé responderla, sólo sé que así se sienten otros como yo, presionados por el sistema, obligados a seguir el curso de una pesada carrera con tal de ser médico, llegas al final, y sigues sin ningún tipo de responsabilidad, como si fuéramos niños chicos, corriendo de un lado a otro, detrás de los mayores para ganarnos su atención.

    Yo, sinceramente, me da asco tener que aguantar estas cosas, pero hay aguantarse o rebelarse. A los médicos les da igual, total, ellos ya tienen cosas de las que ocuparse, pero a los estudiantes se les trata como si fueran invisibles muchas veces, la mayoría del tiempo sin aprender una pizca de lo que querríamos, la vocación de la que tanto se habla.

    Le deseo a cualquiera que se siente como yo, que no se preocupe, que al final todo llega, que cada uno hará su MIR y seremos médicos y punto, no habrá tiempo de cuestionarnos nada, sólo de ponernos manos a la obra en aquello que nos guste y que despierte lo que tanto llevamos buscando.

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    • 1 Enero, 2017 a las 6:29 pm
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      Gracias por tu reflexión Edward! Una de las cosas que más cambiaría sobre nuestra formación es que nos tratasen como los adultos en formación que somos, no niños. El síndrome del impostor es algo muy común entre los estudiantes de Medicina. Mientras seamos conscientes de estas dos cosas y luchemos por cambiarlas, tengo esperanzas.

      Y lo confieso, soy los de rebelarme :P.

      Un saludo!

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  • 15 Diciembre, 2016 a las 11:49 pm
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    Hola, Miguel. Me ha encantado leerte. A mí también me ha pasado. A veces me pregunto si se pueden hacer mejor las cosas, si nos vendemos a la industria farmacéutica, si distribuimos de forma adecuada los recursos, si tratamos a los pacientes como personas (con cuerpo, mente, trascendencia, familia, amigos…) o simplemente trozos de enfermedades que van más o menos bien. Con frecuencia me dicen que soy un poco exagerado, que las cosas son así, que no se puede luchar. He encontrado algunas personas maravillosas que compartían estas inquietudes, por ejemplo, en IFMSA-Spain o en el CEEM. Pero es infrecuente. Por eso ánimo, y me ha encantado leerte.

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    • 1 Enero, 2017 a las 6:20 pm
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      Gracias Victor! Me alegro de que te haya gustado la entrada. Creo que hay cierto componente de indefensión aprendida entre los estudiantes. Si preguntásemos, seguro que nos sorprendería lo universal de nuestras inquietudes. El siguiente paso es tener la valentía para expresarlas y cambiar 🙂

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  • 15 Diciembre, 2016 a las 6:12 pm
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    Estimado Miguel. Me ha gustado, como siempre, lo que has escrito. Entiendo tu frustración, tu malestar y los años tan duros que has pasado (y que te quedan por pasar). Nos venden la Medicina como la profesión más bonita del mundo y, pese a serlo, implica un coste personal, espiritual y sentimental que no todos somos capaces de soportar de la misma forma.

    Después de siete años (si, al final serán siete por desgracia) estoy a punto de terminar la que ha sido una de las peores y de las mejores etapas de mi vida. Y…¿sabes qué? Ahora mismo soy inmensamente feliz. Quizás porque el último año me he marchado y he conseguido evitar un rotatorio mal planteado, o todas estas sensaciones de vulnerabilidad que me describes. Quizás porque durante estos tremendos siete años he ido siempre buscando lo “humano”, lo verdaderamente médico y he ido huyendo de toda la mierda que tanto conocemos (quizás por ello me ha ido tan mal…quien sabe). Quizás por que el hecho de saber que prácticamente soy médico, me hace feliz.

    La cosa es que también me siento como tu, pero soy feliz. Sé que sufriremos probablemente síndromes depresivos o predepresivos, que estaremos estresados, que seguiremos sufriendo pero…¿acaso no decidimos darlo todo por el prójimo cuando decidimos hacer Medicina?.

    Con todo esto te quiero decir que somos muchos los que hacemos Medicina, pero no todos podemos cargar con el peso en la misma postura, el mismo tiempo, con o sin ayuda, etc. Y eso no nos hace mejores y peores, siempre que cumplamos con unos estándares de profesionalidad con nuestros pacientes…que para eso estamos.

    Si no somos capaces de ser “felices así”…quizás debamos perseguir otro sueño que sí nos haga felices. Date un tiempo. El rotatorio no es Medicina, por mucho que pueda asemejarse. Sólo es un sucedáneo de tu próxima vida como médico. Date tiempo. Date un descanso. Estudia y sigue luchando porque al final, la Medicina te da más de lo que te quita. Piénsalo, compártelo y ayúdate de otros si te hace falta. Pero recuerda por qué elegiste este camino, y porqué te valdría la pena quedarte en él. Un saludo.

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    • 1 Enero, 2017 a las 6:32 pm
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      Gracias por comentar Emilio! No he perdido la pasión por mi profesión, por suerte. La he preservado como tú, buscando por mi cuenta lo que verdaderamente me llenaba de ella. Creo que es importante separar el estrés y dificultad intrínseca de la carrera a la que se nos impone de forma extrínseca e innecesaria. En otras palabras, no hay que pasarlo mal para formarse bien, y más importante aún, no hay que usar la excusa de la “dificultad” para justificar una mala planificación o directamente incompetencia a la hora de impartir la docencia.

      Un abrazo!

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  • 15 Diciembre, 2016 a las 5:56 pm
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    Gracias por tu articulo.
    A veces creo que estoy sola. Sola a tener esta sencación que no debe ser así, que no es normal considerar que “si no lo pases mal, no te formes”. Sola a tener esta culpabilidad. Sola a preguntarme si quiero “realmente” dedicar mi vida a tratar pacientes, si tengo “las herraminetos necesarias” como dices.
    Ahora sé que no estoy sola y que no hay culpabilidad a tener porque “no soy yo” 😉

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    • 1 Enero, 2017 a las 6:17 pm
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      ¡Muchas gracias por tu comentario Zineb! Lo más importante que podemos hacer por nuestros compañeros es apoyarnos. Todos o casi todos pasamos por esto, pero no tenemos por qué sentirnos solos.

      Un beso desde Madrid 🙂

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