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El pasado miércoles tuvo lugar una sesión muy especial de #clinicoentwitter , “cómo recolocar el foco en el paciente“. Fueron muchos los aspectos que se trataron, desde la falta de recursos al alta a cómo medir de verdad la satisfacción con la asistencia recibida. Uno de los temas más centrales fue la falta de comunicación y empatía que sienten los pacientes. Y siempre que salen estos temas, me hago la misma pregunta: ¿Por qué no vamos al origen, al lugar donde se supone que se nos deben inculcar los valores y conocimientos que definirán nuestra práctica asistencial? Las facultades de Medicina.

Estamos sometiendo a nuestros futuros médicos a 6 años de carrera de los que, con suerte, salimos conociendo la terminología básica de la Medicina. Aspectos tales cómo habilidades clínicas, manejo del paciente, técnicas y procedimientos y el trato humano se reservan mayoritariamente para la Residencia. Y con servicios de urgencia cada vez más saturados, y una atención primaria sofocada por la presión de recortes y cupos, este último punto suele acabar relegado a titulares de periódico que piden una mayor “humanización” de la asistencia.

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Con tantas presiones, a veces mirarle a la cara al paciente pasa a un 2º plano. Viñeta de Mónica Lalanda (@mlalanda)

La  empatía con la que entra el estudiante puede desaparecer a lo largo de la carrera, eso es un hecho. Pero, ¿un médico empático se nace o se hace? La idea tradicional de que la empatía es algo que no se puede inculcar desde las facultades sigue estando bastante extendida, y algo que el propio Gregorio Marañón reflejaba en sus escritos. Por suerte, la Medicina y las opiniones evolucionan con los años, y  un meta-análisis reciente nos responde la pregunta de forma clara: La empatía se puede preservar e incluso enseñar. A pesar de las dificultades encontradas para definir y medir empatía, esta fue la conclusión a la que llegaron los autores de un meta-análisis reciente al respecto.

En el análisis distinguieron entre dos tipos de empatía, una “afectiva”, consistente en la respuesta emocional que produce el acto asistencial en el sanitario, y una “cognitiva”, consistente en la capacidad de entender de forma “imparcial” la experiencia y emociones del paciente. Es esta última la que es más proclive a ser fomentada, ya sea con talleres simulando los efectos del envejecimiento, o con lectura y reflexión sobre poesía.

Un aspecto interesante encontrado, fue que el mero hecho de incluir a los estudiantes de Medicina en un grupo que premiaba la actitud humana mejoró su empatía. Quizás “humanizar” la Medicina sea tan fácil como colocar la empatía en el mismo nivel de importancia que saber diagnosticar un infarto, y premiarla al igual que se premia una matrícula de honor.

Premiar a estudiantes de Medicina por demostrar valores humanos, cómo hace la fundación Arnold P. Gold, es una forma muy eficaz de fomentar la empatía.

Pero la empatía no sólo es una cuestión del curriculum formal. El curriculum o plan de estudios oculto, un tema que ya hemos tocado en este blog, es determinante. Consideramos el curriculum o plan de estudios oculto a aquello que aprendemos viendo la actitud de nuestros profesores durante las prácticas, los comportamientos que se premian y lo que es socialmente aceptado. Desde el residente que va más allá en su trato con el paciente, hasta el que médico que se dedica a criticar a este nada más sale de la consulta, todas esas experiencias marcan. Una de las propuestas que surgieron en el debate de #clinicoentwitter fue la de organizar talleres de formación en humanismo para médicos. Hay evidencia de que este tipo de intervención es altamente eficaz, no sólo para mejorar la empatía entre los propios médicos, sino también entre los estudiantes de Medicina que rotan con ellos. Y por eso, quizás sea la medida que mayor repercusión pueda tener a la hora de inculcar empatía y el humanismo entre médicos y estudiantes.

No estamos aprovechando los 6 años de formación en las facultades. Y no sólo es una cuestión de aprovechamiento, sino de justicia. Tanto para los que seremos los médicos de mañana, como para aquellos a quien tendremos el deber de tratar de forma excelente. Podemos y debemos hacer un trabajo mejor.

Para terminar, os dejo una de mis escenas favoritas de Scrubs, en la que J.D y Turk deciden sacrificar su tarde libre para acompañar a un paciente en situación terminal. Un gran serie, y unos grandes doctores.

El médico con empatía, ¿Nace o se hace?

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