Damos comienzo a una serie de artículos en los que Elena Armas (estudiante de 5º de Medicina en la UCM) y yo analizaremos el estado de la formación clínica práctica de estudiantes de Medicina en España. En esta entrada, Elena nos resume la situación actual del estudiante de Medicina medio durante sus rotaciones.

“¿Qué se espera de mí en este Servicio?” Ésa es la pregunta que me he hecho y he realizado cada vez que he empezado una rotación. Y siempre, independiente de la respuesta, he llegado a la misma conclusión: tanto la persona que tengo delante como yo no tenemos ni idea de la respuesta. La situación de los estudiantes de Medicina en España es muy particular. Por un lado tenemos unos estudios que están muy valorados por la comunidad universitaria, tanto por la profesión a la que conducen como por el perfil académico del estudiante que los requiere; pero por otra parte vemos grandes dosis de agobio, apatía y desinterés en nuestro día a día.

En líneas generales cuando empezamos la carrera lo hacemos con mucha ilusión, vemos el calendario y no podemos dejar de pensar en la enorme cantidad de horas de prácticas que aparecen. Las cosas cambian cuando te das cuenta de que muchas prácticas de asignaturas básicas son en realidad seminarios, que a su vez es un eufemismo para denominar a una lección más larga de lo normal, ya que además suele acompañarse del clásico formato de clase magistral al que estamos acostumbrados.

No obstante, nos obstinamos en pensar que todo cambiará, y que cuando lleguemos al Hospital la vida será más bella, los prados más verdes y las estrellas más brillantes. Es entonces cuando la cruda realidad entra en juego. Primero te encuentras con que, de hecho, nadie tiene muy claro cuál es tu papel y qué deberías de hacer o no. Luego, con que a casi nadie le importa.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=XhDgK-2RaG4&w=560&h=315]Al menos de esta forma, nos hubiesen dado algún uso

Pero la verdad no es unilateral, y es por eso que el otro día me hice una pregunta, ¿qué vino antes? ¿El personal desmotivado o el estudiante pasota?

En mi carrera me he encontrado con médicos, residentes, enfermeros y auxiliares maravillosos, muy docentes, con energías y ganas de enseñar, pero hay épocas en las que se diluyen y parecen los menos. Y es que no es raro entrar en un Servicio y ver que a tu paso todo son caras largas y miradas de hastío. Todo ello teniendo en cuenta que tú no sólo has pagado por estar ahí, sino que además has tenido que luchar para ello.

Después del maravilloso recibimiento, casi de favor, te dejan estar con alguien con el que, en muchos casos, la filosofía será la de ver, oír y callar. Y es que cuando las respuestas a tus preguntas son monosilábicas, deduces que es inútil seguir insistiendo. No se te ocurra ya pensar, ni mucho menos, que podrás hacer algo.

Cabe destacar que, si bien podemos deducir que la función primordial de un Hospital Universitario debiera ser la de formar estudiantes, y hoy en día se vea relegada no a un segundo, sino en muchas ocasiones a un último plano, hay muchísimas circunstancias atenuantes: saturación de alumnos (no sería la primera vez que en una misma consulta estamos un adjunto, un residente y cuatro estudiantes), saturación de pacientes, déficit de personal, etc. Pero sobre el que más me gustaría reflexionar es sobre uno: el pasotismo de los estudiantes.

Nosotros también somos culpables de lo que nos pasa

Tras varios años de batacazos con las prácticas, es inevitable que el estudiante acabe viendo éstas como un mero trámite para aprobar las asignaturas y terminar cuanto antes la carrera, especialmente en aquellas que no ofrecen un formato de continuidad, rotando varios días seguidos en un Servicio, sino acudiendo de forma aleatorizada a estos a razón de una vez por semana. Y es que hay que reconocer que irrumpir a las 10 de la mañana en una consulta (o una planta/quirófano) para salir a las 12, sin tener ninguna clase de vínculo con el personal ni los pacientes y, en algunos casos, ni siquiera un pleno conocimiento de la patología que se trata, no es la mejor forma de hacer prácticas.

No estoy exculpando lo que la mayoría de mis compañeros (y yo misma) hacemos: saltarnos prácticas. O pedir que nos las firmen antes de tiempo. O pedir que te firmen prácticas de más. Cuando te dan una hoja de firmas se acaba asemejando más, en cuanto al sentimiento, a una carrera de obstáculos que a ninguna otra cosa. Y es que en muchos casos a todo lo anterior hay que añadirle una organización nefasta en los Servicios, ya que puede que te toque una consulta que ese día ni siquiera se pase, lo que contribuye a que todo parezca estar planificado para hacerte sentir que sobras.

Imagen sacada de “Reglas Médicas”

No es la primera vez que después de 10 minutos en un Servicio el propio médico me ofrece firmarme la practica de ese día y, si quiero, unas cuantas más, de regalo. Tampoco es la primera vez que no sé qué pinto ahí y saco a relucir mi imaginación para conseguir la firma en cuestión y pasarme alguna hora de prácticas tomando un café o estudiando en la biblioteca.

No quiero crear una imagen nefasta de mí ni de mis compañeros: igualmente me he quedado a hacer prácticas que no me correspondían y que, en un sentido a cortoplacista, lo único que iban a hacer era ocupar mi tiempo. Pero, ¿podemos esperar tener alumnos motivados cuando nuestras prácticas son así? ¿Tiene algún sentido que éstas puedan llegar a suponer un 0% del porcentaje de la calificación final de una asignatura? ¿Es posible que los médicos estén motivados a dar buenas prácticas con un sistema asfixiante que, además, no discrimina entre buenos y malos ni recompensa a los primeros?

Entonces, vuelvo al principio, ¿el personal ha sido así desde el principio? Yo no lo creo. Quizás ha sido como el estudiante que poco a poco, a base de palos, ha ido viendo las prácticas como un mero trámite, un check list que no queda más remedio que cumplir. No dudo que haya quien nunca ha tenido el mayor interés ni la intención de ofertar una buena docencia, pero al igual que juzgo que la mayoría de mis compañeros quieren ser buenos médicos y las circunstancias nos han llevado a esto, ha sido otro tanto lo que ha pasado con los profesionales. Esto lo refuerza el hecho de que, con algunos, a base de insistir, mostrar interés y preguntar, acabas teniendo unas prácticas más que decentes.

Y, después de tanta divagación, ¿qué podemos hacer? Al único punto al que he llegado, tanto hablando con unos como con otros, es que la enseñanza clínica de la Medicina requiere de una reforma integral, muy alejada de la gran farsa que ha sido la conversión a estudios de grado. Se necesita que los Departamentos, en lugar de por sus intereses, luchen por los de la Universidad. Y, sobre todo, se trata de volver a poner a la Universidad al servicio del alumno.

No es lícito que haya una historia negra detrás del reparto de horas y créditos de asignaturas, que en muchos casos nada tiene que ver con las necesidades docentes. Tampoco lo es que cada Universidad y Hospital tengan planes en los que cualquier parecido sea pura coincidencia. ¿Dónde está la ANECA? ¿Dónde está el Ministerio? Sólo hace falta mirar superficialmente para ver que algo no va bien.

Finalmente, sólo cabe, aunque sea por terminar con un toque de optimismo, agradecer a todo el personal que se empeña, con más o menos de nuestra parte, en formarnos como médicos, su enorme dedicación y esfuerzo, así como esperar que, a pesar del sistema, cada vez sean más los profesionales y estudiantes que se unan ellos.

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Elena Armas Jorge es estudiante de Medicina de 5º curso en la Universidad Complutense de Madrid

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Relatos de un ficus: Primera Parte

6 thoughts on “Relatos de un ficus: Primera Parte

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  • 5 septiembre, 2015 a las 1:13 am
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    Soy tutora de practicas de familia. Cd yo las hice,hace 15 años, no faltaba ni un dia, aunque hubiera salido de marcha x la noche, casi no redporaba al lado de mi tutor, y no perdia detalle, aunque solo escuchara.
    He tenido alumnos de todo tipo, algunos venian cuando les apetecia, otros estaban mas pendientes del movil q del paciente, otros se tenian q marchar 2 h antes xa preparar una fiesta de la facultad. Otros, se interesaban x los pacientes, estudiaban, preguntaban y x supuesto aprendian.
    Me parece q en esta queja de las practicas hace falta mucha autocritica. No puedes enseñar al q viene solo a pasar el rato. Bastante trabajo tenemos ya….sentis q teneis derecho a q os enseñen, pero no olvideis q teneis tambien la obligacion de aprender.

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    • 5 septiembre, 2015 a las 12:54 pm
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      Hola Raquel,

      Antes de nada, agradecerte el habert leído el artículo. Me temo que no te comprendo cuando hablas de la falta de autocrítica, ya que en ningún momento aplaudo lo que hacemos los alumnos con las prácticas, me limito a señalar que puede tener cierta justificación.

      Un saludo,

      Elena

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